Capítulo XIX - Ira
MyungSoo siempre había pensado que su talento para la música
lo había heredado de su difunta madre. Lo pensó hasta los seis años cuando
descubrió a su hermano tocando el piano, allí se dio cuenta de que quizás,
ambos lo habían heredado del progenitor que tenía en común.
MyungSoo, era el hijo de una unión indebida entre un empresario
en crecimiento y una asistente. La típica historia dramática que amenaza con
destruir la tranquila vida de una familia feliz. Sin embargo, él no arruinó a
la familia de su padre. Recordaba claramente el día que este había llegado y se
lo había llevado del hospital donde estaba su madre internada. Le habían dicho
que se había ido al cielo, el pequeño MyungSoo, que tan solo tenía tres años
para ese entonces, no lo entendió, pero si su madre estaba bien, pues lo
aceptaría, aunque la extrañara. Había sido llevado a una bonita casa en una
ciudad lejana a la suya, lo habían recibido una señora muy amable y su hijo, un
niño mayor, de ojos muy pequeños. Esas personas serian su madrastra y su
hermanastro, pero luego del primer año, se dio cuenta de que realmente eran su
madre y su hermano, pues nunca lo trataron mal y nunca le recordaron que él era
un niño que no debería haber nacido.
A los seis años,
cuando estaba aprendiendo a cantar y a tocar la guitarra, escuchó el sonido del
piano provenir de algún lugar de la casa. Él no sabía que alguien allí sabía
tocar el instrumento, por lo que llevado por la curiosidad buscó y buscó hasta
que por fin dio con el intérprete de aquella suave melodía que llenaba el
ambiente. Era SungGyu, su hermano. El mayor lo advirtió al instante y con una
sonrisa le dijo que se acercara. Aquel día, MyungSoo había aprendido a tocar sus
primeras melodías en piano.
Él y su hermano eran inseparables, incluso si el mayor se
encontraba con sus amigos, siempre buscaba un momento para prestarle atención. Habían
aprendido juntos a cantar, tocar la guitarra y SungGyu lo había enseñado a
tocar el piano. Había días completos que pasaban interpretando canciones.
Cuando se mudaron a la mansión, esta permanecía llena de música y MyungSoo no
podía ser más feliz.
A los 13 años su padre le explicó, que su madre había muerto
luego de un aparatoso accidente en la oficina en la que trabajaba, y que él había
nacido fuera del matrimonio, resultado de una infidelidad. MyungSoo, quien se
encontraba entrando en la adolescencia, casi había enloquecido, había gritado
mil blasfemias y había salido corriendo del despacho donde estaba hablando con
su progenitor. Se sentía como un estorbo, su padre había engañado a la mujer que
lo había criado, con la mujer que le había creado, y aun así allí estaba él,
viviendo como si realmente fuera parte de esa familia.
Miles de pensamientos e ideas locas se la pasaron por la
cabeza, pensó en suicidarse, en huir de casa, en sumergirse en drogas, en miles
de cosas, pero había sido SungGyu quien le había hecho entrar en razón.
Esa había sido la primera vez que habían discutido luego de
tantos años conociéndose. SungGyu lo había empujado y le había gritado.
“¡Si no te quisiera, si no me importaras yo mismo hubiera
hecho que te fueras de aquí antes de que pudieras si quiera hablar bien!. No me
importa que seas de otra madre, eres mi hermano y te amo y no voy a dejar que
nos lastimes tan solo porque no lo puedes aceptar”
MyungSoo tenía en la mejilla izquierda una pequeña cicatriz
que le había quedado luego de un muy buen puñetazo que le había propinado
SungGyu.
Aquella pelea, los había unido más.
Aparte de muchas cosas más, también compartían su más grande
sueño. Ambos querían ser artistas, entrar en una empresa de entretenimiento y
debutar como artistas solitarios. MyungSoo siempre había pensado que el mayor
tenía más talento que él, pero sin embargo, él era más apuesto por lo que
tendrían una reñida pelea por la fama, pero eso tan solo le emocionaba más.
Sin embargo, las cosas empezaron a ir de manera
distinta a como ellos lo planearon. El
primero en ser aceptado por una empresa había sido MyungSoo, SungGyu fue
rechazado en las tres audiciones que hizo para tres distintas empresas.
“No te preocupes, debo practicar más y lo intentaré de nuevo
el año que viene” Le había dicho su hermano cuando él había estado casi al
borde del llanto, no era justo que su hermano, quien cantaba y tocaba los
instrumentos mejor que él, no fuera aceptado. Quiso esperar a que el mayor también
fuera aceptado antes de hacerse “trainer”, pero una fuerte amenaza de parte de
este, le había hecho firmar el contrato.
Dos años había durado su entrenamiento, dos años en los que
su hermano no había sido aceptado por ninguna empresa. Luego de dos años,
MyungSoo, debutó y se dio a conocer como, L.
Allí las cosas empezaron a ir realmente mal.
Se hizo extremadamente famoso con los primeros dos singles
que había sacado, sus fans eran la mayoría, chicas entre los 13 y 18 años, había
algunas menores, y unas pocas mayores. Todo parecía ir viento en popa, hasta
que el día más horrible de su vida había llegado.
El día que su padre murió, él estaba en días libres, se los
habían dado pues una semana más tarde tendría que empezar a grabar su siguiente
single. Estaba ayudando a su madrastra a cuidar de su hermano que se encontraba
enfermo, cuando uno de los ejecutivos de su padre, había llegado pálido,
claramente asustado.
MyungSoo había sentido un dolor tan fuerte en el pecho que
creyó que moriría, sintió que todo se derrumbaba poco a poco, pero tuvo que ser
lo más fuerte posible, había abrazado a su madrastra que se había echado a
llorar al instante, él lloró con ella.
Entre discusiones consiguió el permiso de la empresa y
acompañó a su familia durante esa época. Él lloraba casi todos los días, pero
su hermano, no había llorado ni una sola vez. MyungSoo creyó entenderlo, el
mayor era ahora el encargado de la familia, debía ser fuerte.
Los días pasaron lento, y la alegría fue yéndose poco a poco
de aquella inmensa mansión, MyungSoo no tenía ánimos de tocar, y SungGyu mucho
menos. A la semana, su madrastra regresó a la antigua cada en Yeolla donde
habían vivido antes de que la empresa progresara. Él regresaría a sus
compromisos de idol, no tanto porque debiera, sino porque necesitaba salir de
aquel lugar que gritaba de dolor y soledad.
Luego de empacar algunas cosas, bajó las escaleras principales,
dejó la maleta cerca de la puerta y respirando profundamente, fue hasta el
despacho que durante todos esos años había sido de su padre. Apenas abrir la
puerta vio a su hermano, sentado tras el imponente escritorio, concentrado en
una lectura. MyungSoo sintió miedo, el mayor parecía haber perdido toda alegría
y juventud en su expresión, aquellos pequeños y graciosos ojos que normalmente
se encontraba curvados de forma jovial, ahora se mostraban fijo y calculadores.
-Hyung…- El mayor no levantó la mirada, sin embargo MyungSoo
caminó hacia él. –Ya me voy…debo regresar al trabajo- Sentía miedo y hasta vergüenza
de hablar sobre eso con el otro, se sentía culpable de alguna forma, él cumplía
su sueño y su hermano no.
SungGyu asintió y levantó la mirada mostrándose poco
interesado. MyungSoo vaciló, su hermano nunca lo había visto de aquella forma
tan fría.
-… ¿Estarás bien?...Aquí solo…- El mayor soltó un suspiro
que parecía ser de fastidio.
-No veo porque no habría de estarlo…anda, vete tranquilo- No
pudo evitar fruncir el ceño. ¿Qué le pasaba al otro?
-Yo tan solo…- Empezó el menor.
-MyungSoo estoy trabajando- Lo cortó su hermano. Allí MyungSoo
perdió la paciencia.
-¿¡Qué demonios te pasa!?- Exclamó con fuerza, sintiéndose más
molesto al ver frialdad en la actitud ajena. -¿Ahora eres un imbécil?... ¿Qué
tienes?-
-No seas infantil…estoy ocupado, ¿Puedes retirarte?...pensé
que eso era lo que estabas haciendo- Ahora lo sacaba de su propia casa.
-Me voy cuando se me antoje, no sé qué te pasa, pero te
recuerdo que él también era mi padre- A la mención de aquel hombre, ambos
resultaron afectados, MyungSoo se sintió un poco mal por estar gritándole al
otro, y SungGyu pareció molestarse.
-No sé porque sacas el tema…te dije que estoy ocupado-
MyungSoo estuvo a punto de ceder, pero él otro no lo dejó hablar –Por una vez,
deja de estorbar y termina de irte- Aquello lo dejó frío, de nuevo un dolor
pesado de instaló en su pecho, como si le tomaran el corazón y se lo
presionaran, ¿Estorbar?
No se movió, no podía, su mente todavía intentaba asimilar
las palabras ajenas.
-¿Estorbar?...hyung ¿De qué hablas?- El mayor tomó aire y lo
miró con lo a MyungSoo le pareció ser desprecio.
-Hablo de que necesito que te vayas…estoy ocupado- MyungSoo
negó, estaba empezando a comprender las palabras ajenas.
-soy un estorbo…siempre lo he sido ¿cierto?- Preguntó con la
voz lívida de rabia, varios sentimientos estaban empezando a recorrer su
cuerpo. Rabia, decepción, dolor, tristeza. –Nunca me has considerado tu
hermano, ¿no es así?- SungGyu no respondió al instante, lo miró de aquella
forma tan fría y vacía, la rabia de MyungSoo aumentó, sentía una fuerte
necesidad de romperle la cara al otro de un puñetazo.
-No veo porque habría de considerarte mi hermano…cuando ya
no hay nada que nos una- Aquella había sido la gota que había rebasado el vaso.
-Púdrete- Aquella había sido la última palabra que MyungSoo
le había dirigido a su hermano por muchos meses.
Cuando empezó a descarrilarse, todos pensaron que se la había
subido la fama a la cabeza, nadie sabía la verdadera razón. MyungSoo se había
despegado totalmente de su familia, incluso a veces decía que no tenía, después
de todo, era huérfano y sus padres no habían tenido otro hijo, así que en términos
técnicos, no tenía familia.
Empezó a tratar mal a todos, incluso a su manager y a los
empresarios de la empresa. Una vez estuvo a punto de empujar a una fan pero fue
detenido a tiempo, si quería seguir siendo famoso debía por lo menos mantener a
sus fans.
MyungSoo había descubierto a los quince años, que las
mujeres no eran exactamente de su interés, en cambio, varias veces se había
descubierto a si mismo mirando a algunos jóvenes de su edad, con más interés del
debido. Ya más tarde comprendió las razones, pero nunca había estado en una
relación con nadie, sin embargo, una noche, cuando su manager lo había dejado
solo en su amplio apartamento de idol, decidió hacer una locura.
Se había colocado un abrigo con capucha grande y había
salido por la parte de atrás de las residencias, hizo que su chofer lo fuera a
buscar y se fue hasta el club más exclusivo de Seúl. El club gay, más exclusivo. Había sido una de
las noches más locas de su vida, a su parecer incluso había consumido drogas,
pero estaba tan colmado en desahogo que no se fijó si quiera en el efecto que
le hizo el alcohol.
A la mañana siguiente se había despertado acompañado de dos
jovencitos que por su físico parecían ulzzangs,
estaban desnudos y la cama era un desastre por lo que no era difícil imaginar
que había pasado, aun así no podía recordar mucho. Los había sacado casi a
patadas de allí y había seguido con su vida, ignorando los regaños de su manager.
Pocos días después decidió irse de fiesta de nuevo, pero esta vez a un club
normal, vería cual era más divertido. Al llegar se sentó en la barra y pidió un
whiskey seco, a los segundos notó que alguien lo miraba. Él conocía ese rostro,
lo había visto en la televisión muchas veces.
-¿Tengo algo en la cara?- Preguntó mostrándose frío. “Pues sí,
los ojos, la nariz y la boca” Había sido la respuesta, ¿Aquel tipo era estúpido?
¿O jugaba con él? Decidió jugar aquel juego y le sonrió al actor -¿te pido otro?- “Por supuesto” le respondió.
Aquel había sido el inicio del recorrido hacia la orilla del
abismo.
Cuando había despertado, había tenido que sacarse de encima
el peso ajeno. Los recuerdos de la noche anterior le hicieron sonreír pero el
sonido de su celular lo sacó de su paz. Su manager le habló, histérico, y le decía
que regresara a su apartamento y se quedara allí hasta que lo ordenara. La
rabia en la voz del hombre fue lo que le hizo obedecer.
Todo lo sucedido después había sido un completo desastre.
Alguien, algún “maldito ocioso” como él le llamó, le había tomado fotos el día
que fue al club gay, ahora esas fotos estaban por todas partes, y el escandalo
era de proporciones extraordinarias. MyungSoo se sentía perdido en una tormenta
de arena en el desierto y SungYeol se había convertido en su oasis.
Los momentos juntos eran la mejor terapia que podía existir,
incluso llegó a olvidarse de su quebrantada familia, poco a poco estaba
regresando a ser el mismo de antes. Pero la vida le tenía preparada otra caída.
Al terminar de grabar una canción para su adelantado
comeback, se escapó de la vigilancia de su staff, se subió a su coche y condujo
hasta el edificio donde vivía SungYeol, quien de forma no oficial era algo así
como su novio, al pensar en esto, MyungSoo solía sonreír debido a la alegría que
sentía.
Tenía la llave del lujoso apartamento que pertenecía al
mayor, por lo que entró sin vacilar. Fue directo a la habitación pues todavía
era algo temprano, SungYeol solía dormir hasta tarde. Lo encontró algo agitado
y lo miró confundido, pero al oír su voz todo eso se le olvidó y tan solo quiso
un abrazo y un beso. Las cosas se habían dado como siempre de forma natural.
Primero besos normales, que se hacían más exigentes, luego se unían las
caricias, y a continuación terminaban sin camisa, sobre la cama.
Los labios y la lengua ajena trabajaron por su pecho haciéndolo
jadear y gemir. Por una sensación muy fuerte sacudió los brazos y golpeó algo
que parecía ser un libro. Miró preocupado y frunció el ceño al notar que abajo había
unas fotos. Tomó una y al verla actuó sin dudar. Empujó al otro lejos y tomó
las demás fotos. Aquello debía ser una broma, pero parecía completamente real.
El mundo a su alrededor pareció estremecerse antes de derrumbarse. El
responsable de aquellas fotos, no había aparecido, pero de un momento a otro,
la verdad se mostraba frente a sus ojos. SungYeol había sido quien había
amenazado su carrera. El sentimiento de traición fue inmenso.
Miró al otro y sin dudar le preguntó -¿Fuiste tú?- sintió
asco, sintió rabia, sintió odio – ¿fuiste tú quien entregó esto a la prensa?-
-Escúchame por favor…pue- trató de defenderse. La rabia se
hizo más grande y le fue imposible contenerse.
-¡No quiero explicaciones! ¡Solo quiero que me digas la
verdad! ¿Fuiste tú?... ¿LEE SUNGYEOL FUISTE TU?- Esperó la respuesta, aunque
todo era tan obvio ya, que resultaba absurdo pedir explicaciones. SungYeol, el
hombre al que había aprendido a querer, había sido el mismo que había lanzado
su carrera, lo único que tenía en la vida, sin paracaídas de un avión.
-Si- MyungSoo quiso vomitar –fui yo…pero fue antes de
conocerte...lo juro- La demás palabras del otro le dieron igual, todas sonaba
igual de falsas, el mayor era un totalmente mentiroso. Se colocó la camisa sin
esperar más, luego tomó las fotos, dispuesto a irse. –por favor…no-
-no quiero saber nada mas de ti Lee SungYeol- le dijo con
voz tajante, fría. –no quiero saber que existes…te odio- Y dicho esto salió de
la habitación sin vacilar, oyó los pasos del más alto siguiéndolo.
-Por favor L…amor- El apodo fue lo que le hizo terminar de
perder la cordura. Con las manos empuñadas se giró y usó el impulso para
descargar un fuerte puñetazo en la mejilla del más alto. Trató de transmitir
todo lo que sentía en ese golpe -Más nunca…Lee SungYeol…vuelvas a decirme así- El
odio se sentía como una piedra pesada en el pecho, que le presionaba y no lo
dejaba si quiera respirar bien. –Y más nunca me toques…te odio y te juro que te
voy a destruir- Salió del lugar sin mirar atrás, los recuerdos del camino hacia
su apartamento no estaban en su cabeza, tan solo recordaba cuando ya estaba en
este y totalmente fuera de si había destrozado todo lo que había estado a su
alcance.
Gritando, sin impórtale que lo oyeran, volteó mesas, pateó y
rompió cosas. Se sentía tan molesto, usado, engañado. Todo lo que había sido en
un momento su mayor alegría, era ahora la razón de ese dolor y ese odio que lo
llenaban.
Primero su familia, todo había terminado siendo una gran
mentira y él siempre había sido, el bastardo, el niño que nunca debió nacer, el
resultado de una infidelidad.
Y cuando había creído que por fin encontraría alguien que le
haría olvidar todo lo anterior, se volvió a golpear con la verdad de su
patética vida. La persona que se suponía lo amaba, lo había traicionado, le había
mentido de la forma más cínica. MyungSoo estaba seguro de que SungYeol se había
reído bastante a sus espaldas.
De rodillas en el suelo, con lágrimas en los ojos, la
garganta doliéndole por tanto gritar, y los brazos adoloridos de romper cosas,
MyungSoo fue perdiendo todo esperanza en la vida, en las personas, en el amor y
su corazón que siempre había sido cálido, se enfriaba y ennegrecía producto del
intenso odio que estaba naciendo en él…
Aquel día el verdadero Kim MyungSoo había quedado bajo la máscara
de odio que se había formado en su alma…
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NOTAS DE LA AUTORA:
Disculpen la tardanza, pero sufrí crisis de escritora y :/ pero aquí está el cap de MyungSoo... espero lo comprendan, su vida no fue para nada fácil en cuanto a los sentimientos.
Solo faltan dos especiales, espero poderlos tener pronto ya que ambos serán puestos el mismo día, son de alguna forma los mas importantes.
Gracias por leer!
X.O.X.O
MelPanda
PD: ¿¿Quien está flipando por lo nuevo de INFINITE?? *-*

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π_π *llora bien feo* DIOS no, por qué, por qué, por qué??
ResponderEliminarCreo que después de cada capitulo quedo más deprimida pero este fue uno de los más fuertes, su vida que estuvo estable por un tiempo se fue destruyendo de una manera muy triste, de verdad que después de todas las cosas que le pasaron es comprensible que su actitud se convirtiera en la que es ahora.
Sigue escribiendo así MelPanda! !^^ Sabes que eres mi escritora favorita, cierto??
No puedo esperar por la doble actualización, ese día haré fiesta jajaja XD
Lo siento por comentar tan tarde, de verdad perdóname, estaremos hablando Panda ♡